Pardarri

En pleno centro de la Sierra Aralar se dan cita, desde tiempos inmemoriales, las leyendas sobre Mari, nuestra vieja dama del pelo largo y también las historias de las eternas penitencias de Teodosio de Goñi y su devoción a S. Miguel. Es ésta una tierra rica en historia, en alma rural y euskaldun.

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También en Aralar se encuentran, contadas por el viento que día a día baja, hasta el valle, las historias vivas de la gente de carne y hueso que hoy mora en este lugar salvaje. Nuestros pastores más curtidos, las voluntades más inquebrantables ante el rigor de Aralar también nos hablan de este lugar a medio camino entre lo mítico y lo olvidado. Sí, lo olvidado. Porque en el lugar donde se rinde culto a S. Miguel, en el mismo lugar donde se ubica la, para muchos, más bella montaña de Gipuzkoa, el Txindoki; en el mismo marco donde montañas tan impresionantes como el Balerdi, el Aldaon o el Ganbo adornan y dan realeza a su entorno; en ese mismo lugar, podemos encontrar hoy todavía “bendito privilegio” lugares y montañas completamente dejadas de la mano de Dios, solamente recortadas por añejos o modernos sistemas cartográficos.

El Pardarri mira huraño y rebelde a su alrededor… Él será el más solitario en medio de la nevada y el más riguroso cuando la canícula de julio apriete.
El Pardarri es el “duro” de la película, no os dará ninguna concesión, sus formas no son especialmente atractivas y su acceso no es de los más cómodos… pero ahí está precisamente su fuerza. Todos los que amamos el monte, los espacios asilvestrados y el viento un poco más fuerte de lo normal, lo miraremos como algo tremendamente  fascinante, algo que aún está por descubrir. Algo que, a buen seguro, tendrá muchos buenos secretos para ofrecernos cuando decidamos acercarnos hasta él, que será… casi nunca.
El Pardarri está perdido en el mismo corazón de Aralar. Su acceso, bien desde Amezketa, bien desde la Guarda-Etxe nos exigirá ganas de ir hacia él. En el camino desde la Casa del Guarda podemos, de paso, ir descubriendo otros aspectos interesantes de Aralar.

Dirigiéndoos a Pago Mari, podréis contemplar a vuestra izquierda una montaña maciza, el Putxerri, noble y acomodado vecino de nuestro indómito Pardarri.
De este lugar, al cual dice la leyenda que venía Mari a refugiarse en los días de tormenta, es fácil en una hora llegarse hasta el refugio de Errenaga o Igaratza, verdadero punto de encuentro de los caminantes que peinan Aralar en un sentido u otro. A partir del refugio es cuando de verdad comienza el Aralar libre, arisco, puro como la nieve que lo cubre en invierno. El camino, siempre hacia el NO, se va inventando por sí mismo a medida que la figura del huraño Pardarri va apareciendo ante nosotros. Por supuesto, el gigante Ganbo le quitará todo el protagonismo, con sus escarpadas pendientes herbosas, pero hoy nosotros queríamos trabar amistad con alguien especial…

También tendréis tiempo de pasar por el dolmen de Igaratza, monumento sepulcral calizo que guarda dentro de sí otras historias…
Antes de llegar a la piedra de Ama Birjiña, lugar donde, según la tradición, puso el pie la Virgen, tenéis a vuestra izquierda el Pardarri. No os sonreirá, no os llamará, incluso quizás él prefiera que paséis de largo, concediéndole tan sólo una mirada entre curiosa y temerosa. Pero si queréis un consejo, forasteros, atrevéos a trepar por los caminos inexistentes que llevan hasta lo más escondido de su secreto. Desde allá, el Ganbo y el Irumugarrieta aparecen altivos, donde siempre estuvieron, donde siempre estarán… pero, ¿qué será del Pardarri? Cuando los tiempos vayan pasado ante los ojos de Aralar, y nieves y lluvias y vientos y soles hayan modelado todo este manto verde; cuando quizás el “aventuring” se haya tragado toda la poesía y la soledad de estos parajes; cuando llegue ese momento… ¿Habrá alguien que se acuerde de aquel monte díscolo, rebelde sin causa, misterioso? ¿Volveréis vosotros a acordaros de él alguna vez? Pensad en ello cuando paladeéis su aroma de libertad…

Notas

• Tiempo: unas 3 horas desde la Guarda-Etxe.
• En verano, con días largos, podéis completar la excursión con la ascensión al Ganbo, que os llevará una hora escasa más.
• Para aprovechar el tiempo, es conveniente llegarse hasta la Guarda-Etxe en coche, aunque siempre podéis partir del Santuario de S. Miguel, con lo cual el tiempo se alarga bastante.
• Agua tenéis de sobra en el refugio de Errenaga.
• Conviene estar crecidito para andar por Aralar.

Tomi eta Pepelu

Leyenda

En las faldas del monte Pardarri, escondida entre bosques de hayas, se encuentra la sima de Okina. Cuentan los vecinos de los pueblos del valle que en esa sima vive el genio o guardián de la misma, cuyo cuerpo se parece a una oveja. Entre los pastores que pacen con sus rebaños por los pastos de Aralar, y entre los leñadores que sacan la madera para moldearla en utensilios, nace una leyenda que habla del extraño personaje que habita la sima de Okina.
Cuenta la leyenda que un día de verano, aprovechando el buen tiempo, un pastor paró a descansar y dormir un rato a la sombra de unas hayas, mientras sus ovejas se dispersaban por las laderas del monte buscando el pasto fresco. Esta costumbre de aprovechar el descanso mientras las ovejas pastaban tranquilamente era bastante frecuente entre los de su oficio. Cuando empezó a anochecer, las ovejas se retiraron a un abrigo bajo roca, salvo unas pocas que se quedaron rezagadas del resto del rebaño.
Tras descansar tranquilamente durante todo el día, el pastor fue en busca de las ovejas para recogerlas y pasar la noche en un cobertizo monte abajo. Tras recoger el rebaño, se dio cuenta de que faltaban unas pocas ovejas, por lo que el pastor decidió ir a buscar a las que faltaban, que probablemente permanecían en los pastos más altos del monte. Así pues se marchó ladera arriba, y según subía el monte, fue dirigiéndose hacia el lado de donde le parecía que venía un sonido de cencerro. Llegado allí, continuaba oyendo el sonido, pero no veía sus ovejas. Extrañado, sentía que oía el ruido de un cencerro que estaba allí mismo, justo debajo de sus pies. Siguió avanzando despacio prestando atención al sonido del cencerro, y al dar un paso cayó en el fondo de la sima de Okina. Tras recuperarse del golpe de la caída, levantó su mirada, y con los últimos rayos del sol, empezó a ver unas figuras moviéndose entre las sombras de la sima. Allí estaban unas ovejas misteriosas cuyos cencerros sonaban como los de las ovejas del pastor. Este se apuró y se acordó de la Virgen de Arantzazu, a la que pidió con mucha fe que le protegiera y le permitiera salir vivo de la sima. En un abrir y cerrar de ojos, el pastor se encontró justo debajo del campanario de la ermita de la Virgen de Arantzazu. Contento por su feliz desenlace, volvió al pueblo a contar a sus vecinos lo que le había pasado.
Del mismo valle procede otra historia sobre la sima de Okina. Se cuenta que un joven del valle se dirigía a la ermita Arantzazu a través del monte. Al pasar cerca de la sima, se fijó que había un cordero que vagaba por las laderas del monte. En aquel momento el joven iba con prisa ya que al día siguiente se celebraba la romería a la virgen, de la que el joven y su familia eran grandes devotos. Se dijo para sus adentros: “a mi regreso me vas a venir bien, si aún continúas ahí”. Cuando, al cabo de unos días, volvía de Arantzazu, encontró al cordero en el mismo lugar, cerca de la sima. Esta vez no dudó, y se acercó donde estaba el cordero. Trató de apoderarse de él, pero, al tocarlo con la mano, fue empujado con fuerza misteriosa hacia el interior de la cueva por el pequeño animal. En el interior de la cueva, el joven se sintió presa del miedo, no podía separarse del cordero. Apretando con fuerza su medalla que portaba en el cuello, invocó entonces a la Virgen de Arantzazu para pedirle ayuda. En un instante se sintió libre, fuera de la sima, mientras que la imagen del cordero maldito desaparecía en el fondo del abismo. Desde entonces, el joven y resto de lugareños evitan el paso por la cercanía de la sima de Okina, no vaya a ser que la virgen de Arantzazu esta vez no les ayude.
Leyenda Popular

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