Valle de Ata

El itinerario que aquella mañana de invierno nos proponíamos acometer, venía llamando a la puerta de nuestra imaginación desde que leímos a Luis P. Peña Santiago.

pirineos3000.com

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Este gran conocedor de nuestras más profundas raíces describía la ascensión a San Miguel de Aralar desde el pueblo de Madoz con un “algo” especial que nos atraía profundamente. Este hecho podría llevarnos a una falsa ilusión. Unas horas después, cuando con los fríos rayos del sol de enero en Aralar, llegamos a Madoz todas nuestras expectativas se habían visto superadas.

La zona oriental del macizo de Aralar, quizás como contraste del otro extremo (Txindoki, Ganbo, Balerdi…), parece terminar en el Santuario, como si la antena del Artxueta fuese una muga simbólica que marcase el límite de la exploración interesante. Sin embargo nada más lejos de la realidad.
Por una parte sus caminos, trazados desde lo antiguo, nos muestran una montaña llena de belleza tranquila y serena, sin las brusquedades de las Malloak.
Y por otra, esos mismos que acercan a la gente de los valles en sus peregrinaciones a la Iglesia de San Miguel in Excelsis, que han sido trazados mucho tiempo atrás; como atestiguan la cantidad de dólmenes y elementos prehistóricos que encontramos en sus lindes.
El recorrido comienza y termina en Madoz. Asciende en primer lugar por una cresta sencilla que permite ver la mole caliza de Madalenaitz. Alcanzaremos el poblado deshabitado de Agiri. Alcanzar la pista que viene de Uharte Arakil es sencillo. Primero por debajo y posteriormente por encima de la pista asfaltada, alcanzaremos el collado entre el Santuario y Artxueta en un punto cercano al comienzo del Apezan-Bidea. Un camino tallado en roca, dicen que del siglo XIX.
Desde allí sólo nos resta bajar deslizándonos por le precioso valle de Ata. En su interior tapizado de hayedos y castaños, encontraremos uno de los primeros monolitos localizados en Euskal Herria, Erroldan-Harria. Con su leyenda de las incisiones… Pero eso ya es otra historia.
El tiempo total de la excursión puede ir de 4 a 5 horas.

Tomi eta Pepelu

Leyenda

Cuenta una vieja leyenda que el gigante Roldán estaba empeñado en destruir el pueblo de Madotz que habita uno de los confines del Aralar navarro. Tanto, que decidió hacerlo lanzando contra sus tejados grandes piedras que arrancaba de donde ahora se levanta el santuario de San Miguel y, aunque la leyenda no dice cuántas consiguió lanzar ni el resultado de sus propósitos, sí nos advierte de que una de ellas, grande y alargada, quedando enredada en su manto, no llegó por fin a su destino sino que cayó a mitad de trayecto para ir a hincarse a las praderas del valle de Ata. Y tal fue la rabia con la que el gigante la lanzó, que en aquel mal gesto que impidió el vuelo gigantesco del pedrusco le dejó marcadas las trazas de sus fuertes uñas a modo de surcos que todavía enseña la piedra. Son seis los surcos enigmáticos que marcan la piedra que los expertos dicen es un menhir verdadero, el primero en identificarse como tal en Aralar.
Sobre el pasto del valle de Ata, en los claros que entre los hayedos dejan ver el cielo, el menhir sobresale apenas un metro pero guarda enterrados sus secretos todavía otros dos metros bajo tierra.

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