Murallas de Kuartango

Al Sudoeste de Araba, a modo de murallas del valle de Kuartango y descendiendo en suaves lomas que mueren en la llanura de Burgos, se alzan una serie de cortes rocosos a los pies de los cuales podemos encontrar todavía hayedos silenciosos que nos hablan de la forma de vida de todo un pueblo. Las mayores alturas las encontramos fuera de los escarpes rocosos, hacia el interior, con tres cimas relevantes: Repico (1184m), Kruzeta (1164m) y Monte Mayor (1097m). Es la sierra de Arkamo…

Si queremos ascender a estas alturas desde Kuartango, debemos iniciar nuestra andadura en el pueblo de Arriano, de donde parte un buen camino en dirección del único paso que se aprecia al Oeste, llamado Pozo Portillo, que alcanzaremos en tres cuartos de hora, encontrando poco antes de coronarlo, la fuente de Melaria. Enfrente, en dirección Oeste, destaca ya la cumbre del Repico, a la que llegaremos después de atravesar los prados de Nabazua, en otros veinte minutos.

Si queremos seguir hasta el Kruzeta, debemos continuar en dirección Sur, junto al escarpe rocoso, atravesando unos pozos abandonados, en donde antiguamente se levantó la ermita de Santiedrián y al cuarto de hora alcanzaremos la cima.
Para llegar a la cima del  Monte Mayor, podemos continuar por el corte rocoso en dirección Sur – Este, o si no, subir desde Jócano por un camino que parte en dirección a los costados de la peña, y al llegar cerca de su base se inclina a la derecha, por debajo de ella, hasta el portillo de Oncejo, por donde alcanza la parte superior.
Arkamo, habitada desde tiempos inmemoriales, es un museo vivo del acercamiento del hombre a una naturaleza abrupta y vigorosa, donde podemos observar desde los pastizales y pinos silvestres del valle de Kuartango, a las impresionantes laderas pobladas de hayas, que parecen arrinconar a la roca y hacerla saltar hasta el cielo. O, las loberas de su parte superior, que nos hablan la forma de caza de los pastores de la zona para proteger sus rebaños. En Arkamo, parece que el tiempo se ha detenido, que volvemos a otra época, donde el hombre no estaba enfrentado a la naturaleza.

Álvaro Moro

Leyenda

Cuenta una leyenda que, en el lugar donde ahora se encuentra la ermita de la Trinidad, hace años, muchos años, no existía más que una simple cueva. De aquella cueva surgía, como lo sigue haciendo actualmente, un riachuelo. Era frecuente que los animales que por allí pastaban, se acercasen a esta oquedad buscando refugio ante las inclemencias del tiempo y agua para calmar su sed. Los pastores y leñadores procuraban no adentrarse en sus profundidades; se contaban muchas historias de seres misteriosos que poblaban las profundidades de las cavernas, y aquello hacía que se mantuviese una cierta reserva a penetrar en su interior.
Un buen día, y sin saber nadie cómo, en esta cueva aparecieron las tres imágenes del “misterio” trinitario: el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, expresado este último por una paloma. Las gentes de Basabe, admiradas por el suceso, decidieron acondicionar el lugar, convirtiendo aquella oscura cueva en la morada de las figuras divinas, en un lugar de culto: cerraron con una pared el paso al interior de la cueva, dejando solamente una puerta; canalizaron el río para discurriese por debajo de la nueva ermita, acondicionaron el suelo, cerraron la entrada a los animales con una verja… Y desde entonces comenzaron a llegar a aquel lugar cientos de devotos de todos los alrededores.
Con el paso de los años, la cueva-ermita se deterioró en gran manera. La humedad se había convertido en el principal enemigo de aquel templo. Los devotos se plantearon el hacer una labor de restauración; o se arreglaba en condiciones o pronto amenazaría ruina. Alguien planteó la posibilidad de trasladar la ermita a un emplazamiento más apropiado. Al principio se oyeron voces discordantes, pero pronto acordaron que aquella sería la mejor solución. Determinaron que la ubicación más acertada sería una pequeña y preciosa campa, denominada “El Alto de Ripa”, encima de la dehesa de Guillarte, y más abajo de donde ahora se encuentra la ermita. No se tardó en concretar los detalles de trabajo y financiación. Puestos manos a la obra, se desmontó la vieja ermita, y todos los materiales, junto con las imágenes religiosas, se depositaron en el nuevo emplazamiento. Se comenzó a levantar el edificio, con gran alegría por parte de todos, pues desde allí sería visto mejor por todos los devotos.
Después de un día de gran esfuerzo, los vecinos de Basabe habían conseguido que se perfilase cómo sería la nueva ermita, demarcada por la cimentación. Al día siguiente, tal y como habían concertado, se encontraban todos trabajando, a la salida del sol. El que dirigía las obras hizo un rápido repaso del material y de las herramientas. En principio parecía que todo se encontraba en orden. Sin embargo, alguien notó una ausencia: ¡faltaba la “Palomica”! Con este nombre de le conocía a la imagen del Espíritu Santo que forma parte de la Trinidad. Se armó un gran revuelo, y antes de comenzar los trabajos, todos buscaron por doquier a la imagen sagrada. Después de un intenso rastreo, alguien dio noticias de ella: la habían encontrado en la cueva, en su antiguo emplazamiento. La gente murmuraba sobre el mal gusto del que hubiese gastado la gamberrada. Para ellos era claro que no se debía jugar con las cosas santas.
El segundo día de trabajo también fue muy productivo, y al final de la jornada, cada cual regresaba a su hogar. Al amanecer del tercer día, de nuevo echaron en falta a la “Palomica”. Uno de ellos se dirigió, rápidamente, a la cueva. Estaba allí.
De nuevo habían tenido la desfachatez de repetir la supuesta gamberrada.
Cuando el suceso se repitió varios días consecutivos, los devotos de la Trinidad comenzaron a pensar que aquello era todo un signo divino, expresando el deseo de que la ermita se mantuviese en el mismo lugar. Se consultó a las autoridades religiosas y se mostraron del mismo parecer: aquello era un signo celestial. En vista del portento, los devotos de la Trinidad decidieron mantener el edificio religioso en el lugar anterior, señalado ahora por la imagen del Espíritu Santo.

Carlos Ortiz de Zárate: “Ermita de la Trinidad”

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: