Lobera de Arkamo

Una mañana limpia y fresca de final de otoño nos decidimos a descubrir una de esas sierras que nunca tenemos tiempo de recorrer, llamados quizás por objetivos más grandes.

Hay muchas, quizás demasiadas, para un país tan pequeño como el nuestro. Igual es por eso que desconocemos gran parte de sus rincones y secretos. La sierra de Arkamo está situada en las tierras altas de Araba; cierra el valle de Kuartango, formando con la sierra de Badaia el fantástico desfiladero de la Techa (estropeado por el sucesivo paso el tren, carretera y autopista).

Pero bueno, volvamos al soleado día de otoño. La idea era recorrer toda la cresta tomando como punto de partida Ulibarri, y como final Arriano. Ambos en el valle de Basabe, un tranquilo y bello paraje.
Sin lugar a dudas lo más bello es el acceso a lo alto de la sierra. La subida discurre por un bosque de roble y haya. Luego supera el resalte por uno de los pocos sitios practicables buscando un paso escondido y sorprendente.
Una vez arriba la cresta es ancha y sin dificultades, lo que posibilita que cada uno se construya su propio camino.
Desde Montemayor, punto culminante de la parte este de la sierra, la vista era espléndida. Marinda y Gorbea nos vigilaban. A sus pies el valle, donde sus gentes comenzaban a desperezarse en una mañana preciosa.
Más tarde la cumbre del Escaños y su mojón geodésico nos recibían después de tres horas largas de marcha. Desde allí, y en dirección al Marinda, vimos algo en el pequeño valle de altura que nos llamó la atención.
Una extraña construcción, una lobera, estaba allí. No conocíamos de su existencia, ningún mapa ni referencia aludía a esa trampa para “El gran cazador”. Era del tiempo en que ellos y los hombres se disputaban el monte en una guerra por la subsistencia de las dos especies.
La lobera estaba en buen estado. Sus cuatrocientos metros de pared dirigían al animal al agujero de más de cuatro metros en el cual no tenía escapatoria.
En la zona existen más loberas como ésta. Una de ellas es la de Gibijo.
La travesía se podía continuar hasta Cruceta y desde allí bajar a Arriano. O bien, continuar por el cordal hacia el monte Santiago, en el nacimiento del Nervión. Nosotros optamos por bajar hasta Jocano, dimos la vuelta y pusimos un magnífico colofón descendiendo por el paso del Cotorrillo, un precioso paso en la roca sin desperdicio.
¡Ánimo!, pues en las pequeñas sierras os esperan grandes descubrimientos.
Tiempo total: 6 horas.

Tomi eta Pepelu

Leyenda

Había en Barrón un sastre que, después de haber estado en la taberna de Atiega, regresó tarde a casa con signos evidentes de haber bebido demasiado. Y esto no era, ni mucho menos, el primer día que sucedía.
La mujer estaba cansada de las andanzas nocturnas del marido, así que, cuando llamó a la puerta, ella se negó a franquearle la entrada:
-“¡Abre María, que la puerta está cerrada!”
Y la mujer le contestó:
-“Ya sé que está cerrada. La he cerrado yo. Y no pienso abrirte porque eres un empedernido borracho. ¡Ya estoy harta! Esta noche vas a dormir en la calle. Y lo mismo ocurrirá cada vez que vengas borracho a casa”
El hombre insistía, trabándosele un tanto la lengua:
-”Vamos, María… que no es para tanto. Tú… estás bien caliente en la cama… mientras que yo aquí… me muero de frío”.
Pero nada parecía que iba a hacerle cambiar a la mujer su firme determinación:
-“¡He dicho que hoy no te abro la puerta! ¡Así aprenderás a ser un hombre como Dios manda!”
En vista de que no conseguía su propósito, el sastre cambió de táctica:
-“Pues si no me abres la puerta… te aseguro que me tiro al pozo”
La mujer, segura de que era una bravuconada, le animó a que dejase de hablar y pasase a la acción:
-“A ver si es verdad que lo haces. Si te ahogas no seré yo la que llore. ¡Muerto el perro, se acabó la rabia! Si lo haces, yo tiraré encima una buena piedra para que no puedas salir”.
El marido, aprovechando la oscuridad reinante, cogió un abultado tronco de los alrededores y lo lanzó con fuerza al pozo de la casa, de tal manera que su mujer pensó que se había arrojado dentro. María, en cuanto oyó el chapoteo del agua, bajó rápidamente y salió a la calle para auxiliar a su marido:
-“¡Juan!, ¡Juan!… ¿estás loco?”
El marido, mientras tanto, se había escondido cerca de la puerta. En cuanto la mujer salió de la casa y se fue hacia el pozo, él se introdujo en el hogar y se encerró por dentro, dejándola a ella fuera. Lanzó una exclamación jubilosa por el éxito de su jugada:
-“¡Yupiiii!”.
Luego subió a la habitación a dormir. Su mujer se quedó dando gritos en la calle:
-“¡Juan! ¡Juan!, ábreme… Te juro que mañana te arrancaré las tripas con mis propias manos… Juannnnn!”
Pero, víctima de los vapores etílicos, ya se había dormido profundamente.

Carlos Ortiz de Zárate “Leyendas y Tradiciones de Ribera Alta”

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