Iparla

Si hubiera que elegir un rincón de nuestros montes donde el verde de la hierba resalte más que en otros lugares… Si tuviera que ir cerca para descubrir algo que nos parece lejano… Si tuviéramos que buscar el sabor, la tradición… pero sobre todo, el sosiego y la tranquilidad… muchos montañeros norteños acudiríamos sin dudarlo a Iparralde.

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En la zona norte de Euskalerria, desde Biarritz hasta Maule, nos encontraremos con una cantidad tan grande de montañas, montes y colinas verdes, tranquilas, agradecidas, relajantes… que a la hora de programar una salida por aquellas tierras es difícil elegir un itinerario, tal es la variedad…
Nosotros, desde Baztida y Urdoza,- ambos itinerarios navarros- el Iparla se presenta áspero y grandioso debido a la impresionante pared que forma todo el cresterío que va desde Baigorri hasta Bidarrai; es, precisamente, desde este último pueblo de Zuberoa desde el cual, el Iparla sabe a dulce, se nos presenta sencillo, nos trasmite encanto.

En Bidarrai, si es posible, pasad una noche en el refugio que tiene la Federación francesa de Montaña y que sirve de parada y descanso a los que cruzan los Pirineos en una y otra dirección. Disfrutad de la noche, de una paz cálida y envolvente… No os enteraréis demasiado del Euskara suletino de los contados habitantes de Bidarrai, pero es lo de menos… Cuando el Euskara suena tan dulce, tan bonito, tan francés, tan clásico, tan raro… casi es lo de menos entenderlo. Basta con escuchar.
La carretera que surge a la izquierda del propio refugio os llevará hasta unos caseríos situados a 200 metros de altura, y ahí comenzará el camino por una zona bastante desarbolada e incluso triste al principio para, en unos pocos minutos, empezar a remontar la ladera hasta el collado de Pagalepo (494 mts.)
Dejamos allí dos preciosos valles a ambos lados, y la ladera, cada vez más empinada nos llevará en un corto espacio de tiempo hasta Buruzune (771 mts.), zona a partir de la cual, el cresterío de Iparla nos ofrece permanentemente a la izquierda un barranco vertiginoso y a la derecha una mullida alfombra verde por la que los caminos no existen y en la cual no hay prisa por alcanzar el punto final.
Evidentemente, el recorrido más corto es el que va bordeando las impresionantes paredes del circo de Talatze, pero para los amantes de las piedras antiguas, en esta última parte se pueden encontrar algunos cromlechs, e incluso antes, en uno de los collados, un menhir.
Al que tenga prisa, le parecerá que nunca llega a la cima. Es de esos montes en los que se piensa: “Ahí está la cima”, y en tres o cuatro ocasiones no lo es. Por el contrario, los que subáis sin prisa al Iparla, disfrutaréis a tope de la sencillez de este monte, admiraréis al fondo las crecientes cumbres del Pirineo Vasco, si tenéis suerte podréis ver algún quebrantahuesos, un alimoche o algunos buitres, caminaréis por esa alfombra verde y arriba reposaréis saboreando todo esto a la vez.

Tomi eta Pepelu

Leyenda

Los agotes, un pueblo maldito

Cerca de las faldas del monte Iparla, en pleno valle de Baztan, la memoria de los hombres recoge la historia de los agotes, un pueblo cuya vida fue una crónica de una discriminación. De origen incierto y tildados de leprosos, la palabra agote fue utilizada como insulto y sinónimo de apestado, y sus miembros segregados y relegados a ejercer ciertos oficios. En pleno valle de Baztán se encuentra una de sus poblaciones con más trascendencia histórica, Arizkun, el último reducto de los agotes. En esta noble villa de casonas blasonadas creció un barrio de chabolas, Bozate, el lugar maldito de los agotes. El barrio fue construido en el siglo XIV por la familia Ursúa para dar cobijo a esta etnia fugitiva.
Desde las primeras referencias sobre los agotes, que aparecen en libros y documentos parroquiales del siglo XII, se recogen los signos de discriminación que sufrieron ese colectivo de personas. Muestra de ello es que durante mucho tiempo era obligatorio indicar expresamente la condición de agote en todo tipo de documento oficial como procesos judiciales, actas matrimoniales, etc. O por ejemplo en un pleito judicial, se decía que el testimonio de seis agotes era equivalente al de un ciudadano natural. Socialmente la palabra agote tuvo un marcado carácter peyorativo. Expresiones de desprecio como “¡Cállate agote!. Tú opinión cuenta menos que la del perro. ¡No eres nadie!” eran comúnmente usadas por los lugareños del valle. Como otros grupos sociales estigmatizados, los agotes también fueron utilizados como cabeza de turco de todos los males que sufría la población como plagas, robos o mal de ojo.
Fruto de la mala convivencia con el resto de los pobladores del valle, llevó a los agotes a encerrarse socialmente en ellos mismos. Eso supuso el nacimiento de múltiples rumores y estereotipos falsos acerca de los agotes. Se decía que poseían un gran conocimiento de las propiedades medicinales de las plantas, lo que les valió la fama de brujos y se llegó a decir que tenían “rabo y un aliento fétido”, como las ratas.
Otros rumores decían que tenían la sangre tan caliente que las manzanas en sus manos se arrugaban, por este motivo, no se les permitía andar descalzos para que no quemaran la hierba, y al que desobedecía la prohibición se le quemaba la planta del pie con un hierro candente. Fruto de esos rumores, se llegaron a dictar leyes que impedían a los agotes portar armas ni objetos puntiagudos o beber en el mismo vaso de un natural. Se les obligaba a beber de sus propias fuentes, y hasta mediados del siglo XIX no se les permitió construir un lavadero comunal para hacer la colada en público.
Los oficios que tuvieran que ver con la alimentación les estaban expresamente prohibidos así como los empleos públicos. Tejedor, tonelero, sepulturero, cantero, etc., y todas las profesiones que tenían que ver con la madera, quizás porque se decía que ésta no contagiaba la lepra, eran las profesiones reservadas para los agotes. De ahí que los agotes destacaron como buenos carpinteros, albañiles y como txistularis y bertsolaris.
En la vida del pueblo tampoco escapaba a su discriminación. No se le permitía vestir los trajes típicos en las fiestas y, frecuentemente, se les dedicaban canciones de mofa y escarnio. Ni en la iglesia se evitaba que no fueran considerados como el resto de las personas. Era común ver los letreros de parroquias que rezaban: “De aquí no pasarán los agotes”, y tenían reservado su zona al final de las iglesias, el “banco de los agotes”. Una puerta lateral exclusivamente para ellos, la “agoten athea”, les permitía la entrada a los templos donde disponían de una pila bautismal propia y recibían la comunión con un palo que les acercaba el monaguillo, no podían abandonar la iglesia antes de que acabara la misa y sus limosnas eran separadas de las de los demás fieles. Los “bancos de los agotes” se mantuvieron en algunas iglesias hasta el siglo XIX, y de hecho, en Bozate duró esta separación hasta 1962.
Hoy en día se desconoce el verdadero origen de los agotes, y las teorías sobre su origen son de lo más variopintas. Sin embargo tenían apellidos vascos y hablaban un euskera más puro incluso que el de sus vecinos. Lo que está claro es que, el prejuicio, la superstición, la xenofobia, pronto se instalaron en la conciencia popular y hasta en la de los propios protagonistas que llegaron a creer en una diferencia étnica inexistente y en su origen maldito. Cuentan que los agotes aprovecharon la Revolución Francesa para hacer desaparecer todos los documentos que hablaban de ellos. A la pseudo-historia de los agotes, contribuyeron la imaginación de los primeros viajeros que los visitaron y la literatura que se basó en ellos. Autoridades civiles y eclesiásticas, emitieron decretos para terminar con la segregación, pero el peso de la memoria y la tradición de siglos, hizo que el desprecio o por lo menos la reticencia hacia los agotes, se prolongara hasta el siglo XIX y principios del XX. Poco a poco, la segregación fue desapareciendo hasta la integración total, en ello influyó el éxodo rural, la mezcla y el desarrollo industrial y cultural. Pero aún hoy en día, los lugareños del valle evitan hablar del tema y recelan de los que quieren hacerlo. No falta el que dice que los agotes nunca existieron y todo es una leyenda.
http://www.rosavientos.es

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