Virgen del Oro

Salimos desde Murgia en dirección al cementerio. Antes de salir del pueblo nos encontramos una pista a la izquierda, la tomamos. A 200 metros hay una bifurcación, seguimos por el camino de la derecha. Este camino nos lleva a Domaikia pasando cerca de Jugo. A unos 400 metros cruzamos un puente. Andado ya un kilómetro llegamos al cruce de Jugo, pero nosotros seguimos recto. Cerca ya de Domaikia tenemos dos opciones seguir por el camino de la izquierda e ir al pueblo o seguir por la derecha (opción máas corta). Con cualquiera de las dos opciones tenemos que tomar dirección al cementerio. Estando ya en el camino del cementerio nos quedan escasos dos kilómetros hasta el santuario de Nuestra Señora de Oro.

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Leyenda

“La Encontrada”

La princesa Blanca de Navarra se escapó -nadie sabe por qué- y apareció en esta comarca alavesa. Los señores de Gereña la acogieron en su casa torre. Y al tiempo llegó Carlos, príncipe de Viana y hermano de Blanca, que andaba buscándola. Cuando la vio, asomada a una ventana de la torre, gritó: «¡Encontrada!». Y así se le quedó el nombre a la casa y al paraje.
En la historia del siglo XV existen algunos hilos enredados de los que se podría tirar para reconstruir esta leyenda. Consta que Blanca II de Navarra estuvo en tierras alavesas, en Salvatierra, acompañando a su padre Juan II, rey de Aragón y Navarra. Allí se reunieron con el monarca francés Luis XI, con cuyo hermano Carlos (de 16 años) planeaban casar a Blanca (de 38) para establecer una alianza entre los reinos de Navarra y Francia. Parece que la princesa no estaba por la labor.
En medio de un culebrón dinástico en enrrevesadísimo, renunció a sus derechos al trono y se los cedió a su ex marido, Enrique IV de Castilla. Esa maniobra enfureció a Juan II, padre de Blanca, que unos años antes ya había ordenado detener a su propio hijo Carlos –hermano de Blanca, el de la leyenda- porque también había planeado casarse con una princesa castellana (precisamente con la hermana de Enrique IV, primer marido de Blanca).
Carlos murió en circunstancias sospechosas, probablemente envenenado, y Blanca temía correr la misma suerte. Quizá huyó, pero no se libró de la mala leche de su padre: Juan II detuvo a su hija y la envió con Leonor y Gastón IV de Foix (tíos de Blanca), quienes la encerraron en una torre de la ciudad de Orthez. Y allí murió la princesa, dicen que asesinada por la familia.
De estas peleas por las herencias (ya se sabe: hasta en las mejores casas) podemos rescatar tres piezas que nos interesan. Una: Blanca estuvo en Álava. Dos: tenía un buen motivo para fugarse (aunque para entonces su hermano Carlos ya no hubiera podido encontrarla, porque estaba muerto). Tres: Blanca murió en una torre. Ahora bien, para construir la leyenda de La Encontrada hay que encajar esas piezas a martillazos.
El nombre tiene otra explicación más prosaica pero de mayor solidez. Según el diccionario etimológico de Corominas, el verbo encontrar (como sinónimo de hallar) no es de uso común en la Edad Media. Sin embargo, el término encontrada designaba una división administrativa del territorio (una comarca, una región) tanto en castellano como en otros idiomas europeos: en francés (contrée), en italiano y catalán (contrada) o en inglés (country).

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